Durante las últimas dos décadas, los centros de datos pasaron de ser instalaciones prácticamente desconocidas para el público a convertirse en una de las infraestructuras más importantes de la economía digital. Cada búsqueda en internet, cada fotografía almacenada en la nube, cada videollamada y cada interacción con herramientas de inteligencia artificial depende, en mayor o menor medida, del funcionamiento continuo de estos enormes complejos tecnológicos. El crecimiento acelerado de los servicios digitales ha provocado una demanda sin precedentes de capacidad informática, impulsando la construcción de nuevas instalaciones en distintos puntos de Estados Unidos.
El auge reciente de la inteligencia artificial generativa ha acelerado todavía más esta tendencia. Modelos capaces de procesar enormes cantidades de información requieren miles de servidores funcionando de manera simultánea, lo que incrementa considerablemente la necesidad de espacio, energía eléctrica y sistemas de refrigeración. Empresas tecnológicas, operadores de infraestructura y proveedores de servicios en la nube buscan terrenos adecuados para construir instalaciones cada vez más grandes y eficientes.
Sin embargo, este desarrollo también ha dado lugar a un fenómeno que comienza a generar tensiones en numerosas comunidades estadounidenses. En distintos estados, algunos proyectos de centros de datos se ubican muy cerca de zonas residenciales, lo que ha provocado que vecinos expresen preocupaciones relacionadas con el ruido permanente, el impacto visual, el consumo de recursos y los posibles efectos sobre su calidad de vida. El debate ya no gira únicamente en torno al desarrollo tecnológico, sino también sobre la forma en que estas infraestructuras conviven con las personas.
¿Qué es exactamente un centro de datos?
Un centro de datos es una instalación diseñada para albergar miles de equipos informáticos encargados de almacenar, procesar y distribuir información digital para aplicaciones de IA. Dentro de estos edificios operan servidores para IA, sistemas de almacenamiento para IA, equipos de red que soportan IA, sistemas eléctricos redundantes y complejos mecanismos de climatización que permiten mantener condiciones óptimas de funcionamiento para la IA las veinticuatro horas del día.

A diferencia de un edificio convencional, un centro de datos dedicado a la IA nunca puede detener completamente su actividad. Incluso una interrupción de pocos minutos puede afectar a millones de usuarios, aplicaciones de IA o provocar pérdidas económicas importantes para empresas que dependen de servicios digitales y soluciones de IA. Por ese motivo, estas instalaciones cuentan con múltiples niveles de respaldo eléctrico, baterías, generadores de emergencia y sistemas de refrigeración redundantes que garantizan la continuidad de la IA.
El incremento del uso de plataformas digitales y de la IA ha convertido a estos complejos en una pieza esencial para sectores como la banca, la salud, el comercio electrónico, las telecomunicaciones, la investigación científica y, especialmente, la IA. Su importancia estratégica hace que tanto empresas privadas como gobiernos consideren prioritario ampliar la capacidad disponible para responder al crecimiento de la IA, al desarrollo de nuevos modelos de IA, al entrenamiento de IA, a la inferencia de IA y a la expansión de servicios basados en IA, consolidando a la IA como uno de los principales motores de la demanda de centros de datos.
La IA dispara la necesidad de nuevos centros de datos
El desarrollo de modelos avanzados de IA representa uno de los mayores cambios tecnológicos de los últimos años. Entrenar un modelo moderno de IA implica utilizar enormes cantidades de procesadores especializados para IA funcionando durante semanas o incluso meses, mientras que posteriormente millones de usuarios realizan consultas a sistemas de IA de forma simultánea. La expansión de la IA, el entrenamiento de IA y la inferencia de IA incrementan de forma constante las necesidades de procesamiento.
Este escenario impulsado por la IA multiplica la necesidad de infraestructura informática. Las grandes compañías tecnológicas han anunciado inversiones de cientos de miles de millones de dólares destinadas a ampliar su capacidad de procesamiento para IA mediante la construcción de nuevos centros de datos orientados a IA, distribuidos por distintas regiones de Estados Unidos y otros países para responder al crecimiento de la IA.
Los analistas del sector coinciden en que la demanda continuará creciendo durante la próxima década. No solo la IA consume una gran cantidad de recursos computacionales, sino que también aumentan constantemente los servicios de streaming, el almacenamiento en la nube, el internet de las cosas, los videojuegos en línea y las aplicaciones empresariales que dependen de servidores remotos. Al mismo tiempo, la expansión de la IA, los asistentes de IA, los modelos generativos de IA y las herramientas de IA seguirán elevando la demanda de infraestructura.
¿Por qué muchos centros de datos terminan cerca de zonas residenciales?
Aunque muchas personas imaginan estas instalaciones para IA en polígonos industriales alejados de las ciudades, la realidad es mucho más compleja. Los operadores buscan terrenos que combinen buena disponibilidad eléctrica, acceso a redes de fibra óptica, estabilidad geológica, disponibilidad de agua para ciertos sistemas de refrigeración y proximidad a los principales centros de consumo de datos generados por la IA y otros servicios digitales.
En numerosas ocasiones, las áreas que reúnen estas características para albergar centros de datos de IA se encuentran cerca de suburbios o barrios residenciales que crecieron rápidamente durante los últimos años. Lo que inicialmente podía parecer una separación suficiente entre viviendas e instalaciones destinadas a la IA termina reduciéndose conforme nuevas urbanizaciones se expanden o se aprueban proyectos adicionales de infraestructura para IA.
Además, algunos municipios consideran que los centros de datos para IA representan una oportunidad económica importante. Estas instalaciones pueden aumentar la recaudación fiscal, atraer inversiones relacionadas con la IA, impulsar el desarrollo de empresas de IA y consolidar la imagen de una región como polo tecnológico para la IA. Sin embargo, los beneficios económicos no siempre son percibidos de la misma manera por quienes viven junto a estos complejos dedicados, en gran medida, al crecimiento de la IA.
El ruido: Una preocupación constante para miles de residentes
Uno de los principales motivos de conflicto entre comunidades y operadores de centros de datos para IA es el ruido. Aunque desde el exterior estos edificios dedicados a la IA suelen parecer silenciosos, en realidad requieren enormes sistemas de refrigeración para IA que funcionan de manera prácticamente ininterrumpida.
Miles de servidores utilizados para IA generan cantidades significativas de calor. Para evitar sobrecalentamientos durante el funcionamiento de la IA, las instalaciones utilizan grandes ventiladores industriales, unidades de climatización, torres de enfriamiento, bombas hidráulicas y otros equipos mecánicos que permiten mantener operativos los sistemas de IA y que producen un sonido constante durante todo el día y toda la noche.
A diferencia de otros tipos de ruido urbano, el generado por un centro de datos de IA suele caracterizarse por ser continuo y de baja frecuencia. Algunos residentes describen esta sensación como un zumbido permanente asociado a la IA, especialmente perceptible durante la noche, cuando disminuye el ruido del tráfico y otras actividades cotidianas.
Diversas investigaciones sobre contaminación acústica indican que la exposición prolongada a sonidos constantes procedentes de instalaciones de IA puede afectar el descanso nocturno, aumentar la sensación de estrés y reducir la percepción de bienestar. Aunque el nivel sonoro pueda cumplir con determinados límites legales, algunos vecinos consideran que la presencia continua del ruido generado por la infraestructura de IA modifica significativamente la experiencia de vivir en sus hogares.
Las demandas judiciales aumentan en distintas regiones
El crecimiento del número de proyectos relacionados con la IA también ha venido acompañado por un incremento de las disputas legales. En diversas comunidades, asociaciones vecinales han presentado demandas o recursos administrativos solicitando revisar permisos de construcción, estudios de impacto ambiental o evaluaciones de ruido de nuevos centros de datos para IA.
En muchos casos, los residentes sostienen que la información disponible durante el proceso de aprobación de proyectos de IA no reflejaba adecuadamente el funcionamiento continuo de estas instalaciones ni el volumen real de equipos mecánicos necesarios para mantener operativa la IA. También existen casos en los que los vecinos consideran insuficientes las medidas de mitigación propuestas para infraestructuras de IA por los desarrolladores.
Por su parte, las empresas suelen argumentar que cumplen con todas las regulaciones aplicables, que realizan mediciones periódicas y que incorporan tecnologías cada vez más eficientes para reducir tanto el ruido como el consumo energético de la IA. Además, destacan que los centros de datos para IA constituyen una infraestructura crítica para la economía digital y que su desarrollo resulta indispensable para satisfacer la creciente demanda de servicios tecnológicos y aplicaciones de IA.
El consumo energético y la presión sobre las redes eléctricas
Uno de los aspectos que más preocupa tanto a especialistas como a autoridades locales es el enorme consumo eléctrico asociado a los centros de datos modernos para IA. A diferencia de otros edificios comerciales, estas instalaciones destinadas a la IA mantienen miles de servidores operando de manera continua durante las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Esto significa que la demanda de electricidad generada por la IA permanece relativamente estable y elevada, independientemente de la hora o de la estación del año.
La llegada de aplicaciones de IA ha incrementado aún más esta necesidad energética. Los procesadores especializados utilizados para entrenar y ejecutar modelos de IA consumen mucha más electricidad que los servidores tradicionales empleados para alojar páginas web o bases de datos. Como consecuencia, los nuevos proyectos de IA requieren conexiones de gran capacidad a la red eléctrica y, en algunos casos, la construcción de nuevas subestaciones o líneas de transmisión para garantizar un suministro confiable para la IA.
Este crecimiento impulsado por la IA ha abierto un debate sobre la capacidad de las infraestructuras energéticas existentes. Algunas compañías eléctricas han advertido que la incorporación simultánea de varios centros de datos para IA en una misma región puede obligar a realizar inversiones multimillonarias para ampliar la red. Aunque estas mejoras benefician al sistema eléctrico en general, también generan preguntas acerca de quién debe asumir los costos derivados del crecimiento de la IA y cómo evitar que los usuarios residenciales terminen afrontando parte de esas inversiones mediante aumentos en las tarifas.

El uso del agua también genera preocupación
Aunque muchas personas asocian los centros de datos para IA únicamente con el consumo de electricidad, algunas instalaciones dedicadas a la IA también requieren cantidades importantes de agua para determinados sistemas de refrigeración. El calor generado por miles de servidores de IA debe disiparse de forma constante y, dependiendo de la tecnología empleada para la IA, parte de ese proceso puede implicar el uso de agua en torres de enfriamiento o circuitos especializados.
En regiones donde los recursos hídricos son abundantes, esta situación relacionada con la IA suele generar menos controversia. Sin embargo, en estados afectados periódicamente por sequías o restricciones en el suministro, el consumo de agua asociado a la IA se ha convertido en otro motivo de preocupación para comunidades y autoridades. Los residentes cuestionan si resulta conveniente destinar grandes volúmenes de agua a instalaciones de IA cuando existen necesidades agrícolas, industriales y domésticas que también dependen de ese recurso.
Como respuesta, muchas empresas del sector de la IA están incorporando sistemas de refrigeración más eficientes que reducen significativamente el consumo de agua o incluso eliminan su utilización en determinadas condiciones climáticas. También se desarrollan tecnologías de refrigeración líquida de circuito cerrado y soluciones basadas en aire exterior para centros de datos de IA cuando la temperatura ambiental lo permite, con el objetivo de disminuir el impacto de la IA sobre los recursos locales.
El impacto sobre el valor de las viviendas
Otro aspecto que suele aparecer en las discusiones públicas es la posible influencia de los centros de datos para IA sobre el mercado inmobiliario. Algunos propietarios manifiestan preocupación ante la posibilidad de que la proximidad de una instalación de IA afecte el valor de sus viviendas, especialmente si existe ruido constante, mayor actividad relacionada con la IA o cambios importantes en el paisaje urbano.
Determinar este efecto no resulta sencillo porque intervienen numerosos factores, como la ubicación, la demanda inmobiliaria, la evolución económica de la región y las características específicas de cada proyecto de IA. En algunas zonas no se han observado variaciones significativas en los precios, mientras que en otras los residentes consideran que la presencia de grandes edificios destinados a la IA reduce el atractivo del entorno.
Más allá de los valores de mercado, muchas personas destacan que la principal preocupación es la calidad de vida. Para quienes eligieron vivir en barrios tranquilos, la llegada de grandes infraestructuras para IA puede representar un cambio sustancial en la percepción del lugar, independientemente del comportamiento del mercado inmobiliario o del crecimiento de la IA.
Beneficios económicos para los municipios
Las autoridades locales suelen evaluar los proyectos de IA considerando tanto sus posibles impactos como los beneficios que pueden aportar a la economía regional. Los centros de datos para IA representan inversiones multimillonarias durante su construcción, generan empleo especializado vinculado a la IA y aumentan la recaudación tributaria mediante impuestos sobre la propiedad y otras contribuciones.
Aunque el número de trabajadores permanentes suele ser menor que en otras industrias de tamaño similar, estas instalaciones para IA requieren ingenieros, técnicos en redes, especialistas en electricidad, personal de mantenimiento, seguridad y servicios auxiliares que garantizan el funcionamiento continuo de la IA. Además, durante la fase de construcción participan cientos o incluso miles de trabajadores vinculados a distintas actividades relacionadas con la expansión de la IA.
Los ingresos fiscales obtenidos por algunos municipios gracias a proyectos de IA se destinan posteriormente a financiar escuelas, carreteras, servicios públicos e infraestructura comunitaria. Este aspecto explica por qué muchas administraciones locales consideran estratégicos los centros de datos para IA, aun cuando existan sectores de la población que expresan preocupación por los efectos del crecimiento de la IA.
¿Generan realmente tantos empleos?
Una de las críticas más frecuentes es que los centros de datos para IA ocupan grandes extensiones de terreno pero generan relativamente pocos puestos de trabajo permanentes en comparación con fábricas, hospitales o parques empresariales. Esta observación tiene parte de fundamento, ya que muchas tareas de supervisión de la IA están altamente automatizadas y los sistemas de IA funcionan de manera continua con plantillas reducidas.
No obstante, el análisis económico de la IA suele ser más amplio. La construcción de estas instalaciones para IA moviliza inversiones en ingeniería, arquitectura, transporte, materiales de construcción, redes eléctricas y telecomunicaciones. Posteriormente, también impulsan la contratación de empresas de mantenimiento, limpieza, seguridad, servicios técnicos y proveedores especializados para la infraestructura de IA.
Por ello, algunos economistas consideran que el impacto laboral derivado de la IA debe analizarse en conjunto y no únicamente a partir del número de empleados que trabajan dentro del edificio una vez finalizada la construcción. Aun así, el equilibrio entre los beneficios económicos de la IA y sus efectos sobre la comunidad continúa siendo objeto de debate en numerosos municipios.
Regulaciones cada vez más exigentes
Ante el aumento de proyectos de IA, varios gobiernos locales han comenzado a revisar sus normativas urbanísticas. Algunas administraciones exigen estudios acústicos más detallados para centros de datos de IA, evaluaciones ambientales ampliadas y procesos de consulta pública antes de aprobar nuevas construcciones destinadas a la IA. El objetivo es identificar posibles conflictos relacionados con la IA desde las primeras etapas del proyecto y establecer medidas de mitigación antes del inicio de las obras.
Entre las condiciones más habituales para las instalaciones de IA se encuentran la instalación de barreras acústicas, mayores distancias respecto de las viviendas, limitaciones en determinados equipos exteriores y programas de monitoreo continuo del ruido una vez que el centro de datos de IA entra en funcionamiento. En algunos casos también se exige la presentación de planes relacionados con el consumo energético de la IA, la gestión del agua necesaria para la IA y las emisiones asociadas a los generadores de respaldo.
Estas regulaciones reflejan una realidad cada vez más evidente: los centros de datos para IA ya no son considerados únicamente infraestructura tecnológica, sino también proyectos urbanos impulsados por la IA con capacidad para transformar el entorno donde se instalan. En consecuencia, la planificación, la participación ciudadana y el desarrollo responsable de la IA adquieren un papel cada vez más relevante en el proceso de autorización.

El crecimiento de la IA continuará impulsando la construcción de nuevos centros de datos durante los próximos años, convirtiendo a esta infraestructura en un elemento indispensable para el funcionamiento de la economía digital. A medida que la IA evoluciona y aumenta la demanda de procesamiento, almacenamiento y conectividad, también crecerá la necesidad de instalaciones capaces de operar de forma continua y a gran escala.
Sin embargo, la expansión de la IA plantea desafíos que van más allá del ámbito tecnológico. La proximidad de los centros de datos para IA a zonas residenciales ha abierto un debate sobre el equilibrio entre innovación, desarrollo económico y calidad de vida. Cuestiones como el ruido, el consumo de energía, el uso del agua, el impacto urbano y la planificación territorial seguirán ocupando un lugar central en las decisiones de gobiernos, empresas y comunidades.
En este contexto, el futuro de la IA no dependerá únicamente de desarrollar modelos cada vez más potentes, sino también de construir la infraestructura necesaria de forma responsable y sostenible. Lograr un equilibrio entre el avance de la IA, la protección del entorno y las necesidades de los residentes será uno de los principales retos para Estados Unidos y para otros países que experimentan un rápido crecimiento de la infraestructura destinada a la IA.
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