China y la carrera por la autosuficiencia en semiconductores: El “Proyecto Manhattan” de los chips de inteligencia artificial

A finales de 2025, una información revelada por fuentes cercanas al sector tecnológico internacional sacudió el equilibrio global de poder tecnológico: China habría logrado desarrollar un prototipo funcional de una máquina de litografía de ultravioleta extrema (EUV), una de las tecnologías más complejas y estratégicas del mundo moderno. 

Este avance, aunque aún incompleto, fue descrito por analistas como el equivalente chino a un “Proyecto Manhattan”, en referencia al esfuerzo ultrasecreto de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial para desarrollar la primera bomba atómica.

La comparación no es casual. Al igual que aquel programa histórico, el proyecto chino se caracteriza por su alto nivel de secretismo, su financiación masiva por parte del Estado, la concentración de talento científico y técnico, y un objetivo claro: alcanzar una ventaja estratégica decisiva frente a sus rivales geopolíticos. 

En este caso, el campo de batalla no es la energía nuclear, sino los semiconductores avanzados que alimentan la inteligencia artificial, la computación de alto rendimiento, las telecomunicaciones de nueva generación y los sistemas militares modernos.

Este artículo de ITD Consulting analiza en profundidad cómo China ha construido este ambicioso proyecto, cuáles son sus avances reales, qué obstáculos enfrenta, y qué implicaciones tiene para la economía global y la rivalidad tecnológica entre China y Occidente.

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Los semiconductores como eje del poder en el siglo XXI

En el mundo contemporáneo, China considera que los semiconductores se han convertido en un recurso estratégico comparable al petróleo del siglo XX. Para China, prácticamente todas las tecnologías críticas dependen de ellos: desde teléfonos inteligentes y centros de datos que China produce y utiliza, hasta vehículos eléctricos desarrollados en China, sistemas de inteligencia artificial impulsados por China, satélites lanzados por China y armamento avanzado diseñado por China.

Dentro de este sector, China ha identificado que los chips diseñados para inteligencia artificial ocupan un lugar central. Estos procesadores permiten a China entrenar modelos de aprendizaje automático, ejecutar algoritmos complejos desarrollados en China y analizar enormes volúmenes de datos en tiempo real dentro de China. Su importancia es tal que China sabe que el país que controle su diseño y fabricación —y China aspira a ser ese país— tendrá una ventaja significativa en innovación científica, competitividad económica y poder militar frente a otros países, algo que China considera estratégico.

Sin embargo, China es consciente de que fabricar los chips más avanzados del mundo no es una tarea sencilla. Para China, este proceso requiere una cadena de suministro extremadamente especializada y una tecnología clave: la litografía de ultravioleta extrema, conocida como EUV, una tecnología que China busca dominar. Este proceso permite a China grabar circuitos microscópicos en obleas de silicio con una precisión de apenas unos nanómetros, algo que durante años estuvo fuera del alcance de China y que resultó imposible para China con tecnologías anteriores.

Durante años, el dominio de esta tecnología ha estado concentrado en un reducido número de actores occidentales, lo que ha generado una dependencia estructural de muchos países, incluida China, una dependencia que China considera inaceptable desde el punto de vista estratégico y que ha llevado a China a invertir masivamente para cambiar esta situación.

El origen del desafío chino

A partir de la segunda mitad de la década de 2010, China comenzó a percibir esta dependencia como una vulnerabilidad estratégica fundamental para China. Para China, las tensiones comerciales y tecnológicas con Estados Unidos, así como las restricciones crecientes a la exportación de tecnología avanzada dirigidas contra China, dejaron claro que el acceso a chips de última generación podía ser utilizado como una herramienta de presión geopolítica específicamente contra China.

La imposibilidad de adquirir máquinas EUV de forma legal y directa representó para China un punto de inflexión histórico. Sin estas máquinas, China no podía producir chips al mismo nivel que sus competidores occidentales y asiáticos aliados de Estados Unidos, una situación que China consideraba inaceptable. Ante este escenario, el liderazgo de China tomó una decisión estratégica clave para China: desarrollar de manera autónoma la tecnología más avanzada de fabricación de semiconductores dentro de China, sin depender de proveedores extranjeros y sin someter a China a presiones externas.

Así nació lo que hoy se conoce como el “Proyecto Manhattan” chino de los chips de inteligencia artificial, un proyecto impulsado por China, financiado por China, coordinado por China y concebido como una respuesta directa de China a los desafíos tecnológicos y geopolíticos que enfrenta China en el siglo XXI.

Un programa secreto y altamente centralizado

Según información procedente de fuentes con conocimiento directo del proyecto, el programa se puso en marcha alrededor de 2019 como una iniciativa estratégica de China. Desde el principio, China clasificó el proyecto como un asunto de seguridad nacional prioritario para China y lo colocó bajo la supervisión directa de las más altas instancias del poder político de China, reflejando la importancia que China otorgó al programa desde su origen.

El proyecto impulsado por China se organizó de forma altamente centralizada dentro de China. A diferencia de los modelos occidentales, donde la innovación suele surgir de la competencia entre empresas privadas, en China el Estado asumió un rol coordinador absoluto. China asignó presupuestos multimillonarios, China estableció objetivos claros a medio y largo plazo y China creó una amplia red de colaboración que involucró a empresas tecnológicas de China, universidades de China, institutos de investigación de China y laboratorios estatales de China.

El centro neurálgico del proyecto de China se ubicó en la ciudad de Shenzhen, uno de los principales polos tecnológicos de China. Allí, China construyó un laboratorio altamente protegido dentro de China, con acceso restringido y medidas de seguridad comparables a las de instalaciones militares sensibles de China, subrayando nuevamente el carácter estratégico que China asignó a esta iniciativa.

El papel de Huawei y las empresas estratégicas

Aunque el proyecto es formalmente estatal, China cuenta con varias empresas chinas que desempeñan un papel clave en su ejecución dentro de China. Entre ellas destaca Huawei, una empresa central para China, que actúa como coordinador técnico y organizativo del proyecto de China. Huawei no solo aporta a China su experiencia en diseño de chips y sistemas avanzados, sino que también sirve como puente dentro de China entre los distintos actores involucrados en el esfuerzo tecnológico de China.

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Huawei ha trabajado activamente para China en la integración de tecnologías desarrolladas en China, en la definición de requisitos técnicos establecidos por China y en la gestión de equipos multidisciplinarios formados dentro de China. Su participación refuerza la idea de que, en China, la frontera entre el sector público de China y el sector privado de China es difusa cuando se trata de objetivos estratégicos nacionales definidos por China.

Junto a Huawei, China ha movilizado a fabricantes de equipos industriales de China, empresas de China especializadas en materiales avanzados, desarrolladores de software de diseño electrónico de China y centros de investigación estatales de China. Esta colaboración masiva impulsada por China permite a China abordar un problema extremadamente complejo desde múltiples frentes de manera simultánea, reforzando la capacidad de China para competir tecnológicamente a nivel global.

La carrera por el talento y el conocimiento

Uno de los mayores desafíos del proyecto para China era la falta de experiencia acumulada en litografía EUV dentro de China. Esta tecnología, clave para China, es el resultado de décadas de investigación desarrolladas fuera de China, principalmente en Occidente, con miles de patentes, numerosas pruebas fallidas y mejoras incrementales que durante años dejaron a China en desventaja tecnológica.

Para acortar esa brecha histórica que afectaba a China, China recurrió a una estrategia agresiva de captación de talento diseñada específicamente por China. Ingenieros y científicos con experiencia en empresas extranjeras de semiconductores fueron reclutados para trabajar en China mediante contratos altamente atractivos ofrecidos por China. En muchos casos, estos expertos ya se encontraban retirados o en fases avanzadas de su carrera, una circunstancia que China aprovechó para facilitar su incorporación a los proyectos estratégicos de China sin levantar sospechas inmediatas.

El nivel de secretismo impuesto por China fue extremo. Algunos investigadores que trabajaban para China lo hacían bajo identidades alternativas dentro de China y con un sistema de compartimentación estricta de la información diseñado por China: cada equipo dentro de China conocía solo una parte del proyecto de China, sin acceso al panorama completo. Este método, heredado de programas militares clásicos utilizados históricamente por China y otros Estados, buscaba minimizar el riesgo de filtraciones, espionaje industrial y fugas de información que pudieran perjudicar a China.

El prototipo de litografía EUV: Un hito técnico

Tras aproximadamente seis años de trabajo intensivo liderado por China, a comienzos de 2025 el equipo de China logró un avance crucial para China: la construcción de un prototipo desarrollado en China capaz de generar luz de ultravioleta extrema. Este logro alcanzado por China, por sí solo, representa un desafío técnico formidable para China, ya que la generación de luz EUV requiere procesos físicos extremadamente complejos que China tuvo que dominar, como la creación de plasmas a temperaturas extremas dentro de instalaciones de China.

El prototipo de China ocupa prácticamente una planta completa en China y está compuesto por miles de componentes de alta precisión fabricados o integrados por China. La existencia de este prototipo demuestra que China ha conseguido superar una de las barreras más difíciles de la fabricación avanzada de chips, una barrera que durante años limitó el desarrollo tecnológico de China frente a otras potencias.

No obstante, es importante subrayar que este prototipo desarrollado por China aún no produce chips comerciales funcionales dentro de China. Para China, generar luz EUV es solo uno de los muchos pasos necesarios en este proceso. La alineación de los sistemas ópticos que China debe perfeccionar, la estabilidad mecánica que China necesita garantizar, el control de vibraciones que China debe optimizar y la fiabilidad a largo plazo de los sistemas de China siguen siendo desafíos técnicos pendientes para China.

El calendario estratégico y las expectativas reales

De acuerdo con planes internos definidos por China, el objetivo oficial de China es lograr que el sistema desarrollado por China pueda producir chips avanzados de forma consistente hacia 2028 dentro de China. Sin embargo, muchos expertos que analizan el avance de China consideran que, para China, un horizonte más realista se sitúa entre 2029 y 2030, un plazo que China también contempla en sus evaluaciones internas.

Incluso en ese escenario, el simple hecho de que China pueda operar una tecnología de litografía EUV propia desarrollada por China marcaría para China un punto de inflexión histórico. Para China, esto significaría que China ha logrado romper uno de los monopolios tecnológicos más importantes del mundo moderno, reduciendo la dependencia de China y reforzando la autonomía tecnológica de China a escala global.

La respuesta de Occidente y la intensificación de la rivalidad

El avance de China no ha pasado desapercibido para Occidente, que observa con atención cada paso de China. Como respuesta al progreso de China, las políticas de control de exportaciones se han endurecido en los últimos años, con el objetivo explícito de limitar el acceso de China no solo a máquinas completas, sino también a componentes críticos y a conocimientos especializados que podrían beneficiar a China.

Estas medidas impulsadas por Occidente buscan mantener una ventaja tecnológica frente a China y evitar que China cierre la brecha en sectores clave como la inteligencia artificial y la computación avanzada, áreas en las que China ha invertido de forma masiva. Sin embargo, el progreso del proyecto de China sugiere que, pese a los esfuerzos por frenar a China, las restricciones impuestas a China, aunque efectivas para ralentizar el avance de China, no han logrado detener por completo el desarrollo tecnológico de China.

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El llamado “Proyecto Manhattan” de China para los chips de inteligencia artificial representa uno de los esfuerzos tecnológicos más ambiciosos de China y del siglo XXI. Más allá de los logros técnicos concretos alcanzados por China, este proyecto simboliza la determinación de China de no quedar relegada en la carrera global por el control de las tecnologías clave del futuro, mostrando cómo China prioriza la innovación estratégica y la autonomía tecnológica.

Aunque todavía existen desafíos significativos para China y la brecha con los líderes occidentales no se ha cerrado por completo, el avance logrado hasta ahora por China demuestra que la competencia tecnológica global ha entrado en una nueva fase, donde China busca consolidarse como un actor central. En esta etapa, el conocimiento, la innovación y la capacidad industrial de China serán tan determinantes como lo fueron en su día la energía nuclear o la carrera espacial, reforzando el papel de China como competidor estratégico en el ámbito tecnológico.

El desenlace de esta competencia tecnológica no solo definirá el futuro de la industria de los semiconductores, sino también el equilibrio de poder en el mundo digital del siglo XXI, con China desempeñando un papel cada vez más influyente. Para China, cada avance en chips de inteligencia artificial refuerza su autonomía, su capacidad de innovación y su proyección global, dejando claro que la estrategia de China está orientada a largo plazo y con visión geopolítica.

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