Los agentes de IA están cambiando la forma de trabajar en las startups tecnológicas, pero también están provocando una consecuencia inesperada: algunos de sus propios creadores trabajan más horas que antes. La promesa inicial de estas herramientas era sencilla, automatizar tareas, acelerar procesos y liberar a las personas de una parte importante del trabajo repetitivo. Sin embargo, en Silicon Valley está ocurriendo algo diferente, porque los agentes pueden continuar trabajando durante horas mientras sus responsables siguen pendientes de ellos. El resultado es una nueva cultura de hiperproductividad en la que la inteligencia artificial no duerme, pero algunos fundadores tampoco parecen poder hacerlo.
La diferencia entre los actuales agentes de IA y los tradicionales asistentes digitales es importante para comprender este fenómeno. Un chatbot convencional responde a las preguntas que recibe, mientras que un agente puede recibir un objetivo, dividirlo en tareas, utilizar diferentes herramientas, analizar resultados y continuar avanzando con una intervención humana mucho menor. Esto permite que un equipo pequeño pueda desarrollar software, investigar mercados, preparar documentos o realizar experimentos a una velocidad que hace pocos años habría requerido muchas más personas. El problema aparece cuando la capacidad de trabajar durante toda la noche de una máquina genera la sensación de que el humano también debería mantenerse disponible durante toda la noche.

Los agentes de IA pueden seguir trabajando mientras sus creadores duermen
La característica más atractiva de los agentes de IA es precisamente su capacidad para trabajar fuera del horario tradicional. Un programador puede iniciar varias tareas con agentes de IA antes de acostarse y encontrarse horas después con código generado, pruebas ejecutadas, investigaciones completadas o nuevos problemas que requieren su atención. En teoría, esto debería permitir que el trabajador se despierte y continúe desde un punto mucho más avanzado gracias al trabajo realizado por los agentes de IA, sin haber tenido que permanecer delante del ordenador. En la práctica, algunos fundadores están haciendo justamente lo contrario y permanecen despiertos para responder a las solicitudes que producen sus propios agentes de IA.
Aditya Sharma, cofundador de la startup Keel, ha explicado que existen días en los que llega a acostarse alrededor de las seis de la mañana mientras atiende las peticiones de sus agentes de IA. Su experiencia no constituye un caso completamente aislado, ya que otros emprendedores tecnológicos están describiendo jornadas especialmente intensas desde que incorporaron agentes de IA capaces de ejecutar tareas de forma autónoma. El fenómeno muestra una paradoja evidente: cuanto más capaces son los agentes de IA de continuar trabajando sin supervisión constante, más oportunidades encuentran sus responsables para seguir trabajando. La tecnología que debería ampliar el tiempo libre puede terminar ampliando también la cantidad de trabajo que una persona considera posible realizar con ayuda de los agentes de IA.
Este cambio tiene una explicación psicológica bastante sencilla. Cuando una herramienta convencional deja de utilizarse, la actividad termina, pero un agente de IA puede continuar ejecutando tareas y generar nuevos resultados mientras el usuario está haciendo otra cosa. Eso introduce la sensación de que siempre existe algo más que se podría aprovechar, revisar o poner en marcha con los agentes de IA. Para un fundador que compite en un mercado tecnológico extremadamente rápido, dejar de trabajar puede sentirse como renunciar voluntariamente a una ventaja frente a sus competidores, especialmente cuando los agentes de IA siguen trabajando incluso durante la noche.
La nueva adicción a la velocidad
Peter Pezaris, fundador de Proxon, ha descrito la experiencia de trabajar con agentes de IA utilizando una comparación especialmente llamativa: la ha relacionado con una droga, aunque reconoce que utiliza la expresión como una forma de explicar la sensación que produce esta nueva velocidad. Según los datos recogidos sobre su experiencia, los agentes de IA pueden permitir que su empresa funcione hasta treinta veces más rápido en determinados procesos. Esa aceleración no se ha traducido necesariamente en más descanso para su fundador, sino en jornadas que pueden prolongarse desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la madrugada.
La situación revela una de las grandes contradicciones de la automatización con agentes de IA. Si una herramienta permite terminar una tarea en una décima parte del tiempo, una posibilidad sería utilizar el tiempo restante para descansar. Otra opción sería realizar diez tareas en lugar de una y mantener exactamente la misma jornada laboral. En el entorno competitivo de las startups, la segunda alternativa suele resultar mucho más atractiva porque cada tarea adicional puede convertirse potencialmente en una ventaja empresarial, especialmente cuando los agentes de IA permiten acelerar cada vez más los procesos.
La velocidad también tiene un componente adictivo porque los agentes de IA permiten experimentar de una manera que antes resultaba demasiado costosa. Un fundador puede pedir a un agente de IA que investigue una idea, desarrollar un prototipo, analizar los resultados y comenzar otro experimento poco después. Cuando ese ciclo se repite durante todo el día, la frontera entre productividad y exceso de trabajo empieza a desaparecer. La sensación de estar viviendo un momento tecnológico excepcional hace que algunos emprendedores estén dispuestos a sacrificar horas de sueño con tal de aprovechar al máximo las posibilidades que ofrecen los agentes de IA.
El fundador que recibe órdenes de sus agentes en el reloj
La hiperdisponibilidad no termina cuando el fundador abandona la oficina. Ajay Kalia, fundador de Alt, ha contado que trabaja jornadas que pueden alcanzar las quince horas y que continúa recibiendo solicitudes de sus agentes de IA cuando no está delante del ordenador. En su caso, las notificaciones pueden llegar directamente a su Apple Watch, lo que significa que una actividad como caminar, hacer ejercicio o desplazarse ya no garantiza una verdadera separación respecto al trabajo. La empresa puede acompañarlo literalmente en la muñeca durante buena parte del día.
Este detalle puede parecer anecdótico, pero representa un cambio importante en la relación entre tecnología y trabajo. El teléfono inteligente ya había eliminado buena parte de las barreras físicas que separaban la oficina de la vida personal, pero los agentes de IA añaden una nueva dimensión. Ya no se trata solamente de recibir mensajes de compañeros o clientes, sino de recibir solicitudes generadas automáticamente por sistemas que están trabajando en nombre del usuario. La empresa adquiere así una presencia permanente y potencialmente impredecible gracias a unos agentes de IA que pueden continuar funcionando fuera del horario convencional.
La consecuencia es que la desconexión se vuelve mucho más difícil. Una persona puede decidir no abrir el correo electrónico durante una hora, pero puede sentir la necesidad de responder si sabe que un agente de IA está esperando una decisión para continuar. Cuantos más agentes de IA utiliza una startup, más posibilidades existen de que alguno necesite supervisión en un momento determinado. El fundador termina convertido en una especie de supervisor permanente de una plantilla digital formada por agentes de IA que nunca necesita dormir.
El problema de tener demasiados agentes trabajando a la vez
La inteligencia artificial no elimina completamente la necesidad de supervisión humana. Los agentes de IA actuales pueden realizar tareas complejas, pero todavía pueden equivocarse, interpretar mal instrucciones, tomar decisiones poco convenientes o quedarse bloqueados ante situaciones que no estaban contempladas inicialmente. Cuando solamente existe un agente de IA activo, revisar su trabajo puede resultar relativamente sencillo. Cuando existen varios agentes de IA funcionando simultáneamente, la cantidad de información que debe controlar una persona puede crecer rápidamente.
Esta situación ha llevado a algunos desarrolladores a describir su nuevo trabajo como una especie de supervisión constante de agentes de IA. En lugar de escribir cada línea de código, el profesional puede encargarse de definir objetivos, revisar resultados, corregir errores y decidir qué procesos deben continuar. El cambio puede aumentar considerablemente la productividad, pero también modifica la naturaleza del esfuerzo. El trabajador ya no está concentrado en una sola actividad durante horas, sino que puede tener múltiples agentes de IA y procesos abiertos que reclaman su atención.
El problema no es únicamente el número de tareas, sino la incertidumbre. Un agente de IA puede terminar correctamente su trabajo y no necesitar ninguna intervención, pero otro agente puede requerir una decisión inmediatamente después. Esto incentiva a los usuarios a revisar continuamente sus sistemas para asegurarse de que ningún agente de IA se haya detenido. La paradoja es evidente: cuanto más autónomos se vuelven los agentes de IA, más importante puede parecer estar pendiente de ellos.
La inteligencia artificial no elimina el trabajo, puede multiplicarlo
La automatización siempre ha tenido una promesa fundamental: hacer que las personas necesiten menos tiempo para realizar determinadas tareas. Sin embargo, existe una diferencia entre hacer una tarea más rápido y decidir que ahora queremos realizar muchas más tareas. Si una empresa puede producir diez veces más contenido, software o análisis gracias a la IA y los agentes de IA, no existe ninguna ley económica que obligue a sus responsables a quedarse con el mismo volumen de producción. Pueden utilizar la capacidad adicional para aumentar sus objetivos.

Este fenómeno puede entenderse como un efecto rebote de la productividad. Cuando algo se vuelve más barato, rápido o sencillo, su utilización puede aumentar en lugar de disminuir. El correo electrónico no acabó con las comunicaciones laborales, sino que multiplicó su volumen, y los teléfonos inteligentes no hicieron desaparecer la disponibilidad permanente, sino que la extendieron a prácticamente cualquier lugar. Los agentes de IA pueden llevar esta tendencia un paso más lejos porque no solamente facilitan el trabajo, sino que pueden generar nuevas tareas y continuar ejecutándolas de forma automática.
Una startup que antes podía permitirse desarrollar tres experimentos en una semana puede intentar desarrollar diez con ayuda de agentes de IA. Una empresa que tenía capacidad para investigar cinco mercados puede intentar analizar veinte utilizando agentes de IA. Un programador que antes podía terminar una determinada cantidad de funcionalidades puede comenzar a supervisar varios proyectos simultáneamente gracias a estos sistemas. La IA aumenta la capacidad productiva, pero también puede aumentar las expectativas sobre lo que debería producirse.
Silicon Valley y la cultura de trabajar sin descanso
El fenómeno de los fundadores que sacrifican sueño y tiempo personal no nació con los agentes de IA. La cultura de Silicon Valley lleva décadas asociando la intensidad laboral con la ambición empresarial, especialmente durante las primeras etapas de una startup. En determinados momentos de la historia tecnológica se ha presentado la capacidad de trabajar jornadas extremadamente largas como una prueba de compromiso con el proyecto. La inteligencia artificial y los agentes de IA están introduciendo ahora una nueva justificación para esa cultura.
La diferencia es que anteriormente existía un límite evidente. Una persona tenía que detenerse porque necesitaba dormir y porque determinadas tareas solamente podían ejecutarse cuando el equipo estaba trabajando. Los agentes de IA eliminan parcialmente esa limitación temporal porque pueden seguir funcionando durante la noche. Esto crea una comparación peligrosa entre la capacidad de una máquina y la de su responsable humano.
Un agente de IA puede trabajar durante veinticuatro horas, procesar miles de instrucciones y ejecutar múltiples tareas sin experimentar cansancio. Una persona no puede hacer lo mismo sin consecuencias. Sin embargo, si el fundador comienza a medir su rendimiento comparándolo con la producción de sus agentes de IA, puede terminar considerando insuficientes incluso jornadas que ya son extremadamente largas.
El riesgo de convertir la productividad en una competición permanente
Uno de los mayores peligros de esta nueva cultura es que la velocidad se convierta en el principal indicador del éxito. Las startups pueden medir fácilmente cuántas funciones han desarrollado, cuántos experimentos han ejecutado o cuántas tareas han completado sus agentes de IA. Es mucho más difícil medir cuánto valor se pierde cuando los empleados están agotados, distraídos o incapaces de desconectar. La productividad visible puede crecer mientras la sostenibilidad del trabajo empeora, incluso cuando los agentes de IA permiten aumentar considerablemente el ritmo de producción.
También existe el riesgo de confundir cantidad con calidad. Un agente de IA puede producir grandes cantidades de código, documentos o análisis, pero eso no significa automáticamente que todos esos resultados sean útiles. La supervisión humana sigue siendo necesaria para detectar errores, comprobar supuestos y determinar si una determinada tarea merece realmente ser realizada por agentes de IA. Trabajar más rápido no sirve de mucho si también se cometen errores más rápidamente.
Esta cuestión resulta especialmente relevante porque los agentes de IA pueden generar una sensación de abundancia. Cuando producir algo cuesta muy poco, es tentador producirlo aunque su utilidad sea limitada. La empresa puede terminar inundada de informes, prototipos, funcionalidades y experimentos generados por agentes de IA que requieren atención humana para ser evaluados. En ese escenario, la automatización no reduce necesariamente la carga de trabajo, sino que desplaza el esfuerzo desde la producción hacia la supervisión de los agentes de IA.
La paradoja de los agentes que trabajan mientras nosotros vigilamos
La imagen más atractiva de los agentes de IA es la de una máquina trabajando mientras su propietario duerme. En esa versión ideal, una persona se acuesta, deja varios objetivos preparados y despierta al día siguiente con el trabajo avanzado gracias a los agentes de IA. Esa posibilidad es real en determinadas tareas y representa una de las características más interesantes de esta tecnología. Sin embargo, todavía existen muchas situaciones en las que los agentes de IA necesitan instrucciones, permisos o comprobaciones humanas.
Por eso, el verdadero desafío no consiste únicamente en conseguir agentes de IA más autónomos. También consiste en diseñar sistemas que sepan cuándo necesitan realmente a una persona y cuándo pueden continuar solos. Si cada decisión exige una respuesta inmediata, el usuario seguirá teniendo que permanecer conectado aunque los agentes de IA hagan la mayor parte del trabajo. La automatización será entonces incompleta porque el ser humano continuará funcionando como cuello de botella.
Una solución pasa por establecer distintos niveles de autonomía para los agentes de IA. Las acciones rutinarias y de bajo riesgo podrían ejecutarse automáticamente, mientras que las decisiones importantes podrían quedar pendientes de aprobación. De esta manera, el usuario no tendría que responder a cada notificación durante la noche y podría reservar su atención para aquellas situaciones en las que realmente aporta valor, dejando que los agentes de IA se encarguen del resto.
¿Puede la IA devolvernos el tiempo que promete ahorrar?
La gran promesa de los agentes de IA no debería ser simplemente producir más. Su verdadero potencial está en permitir que las personas dediquen menos tiempo a tareas mecánicas y más tiempo a actividades que requieren criterio, creatividad y decisiones humanas. Sin embargo, para que esa promesa se cumpla, las empresas tendrán que decidir qué hacen con la productividad adicional que obtienen mediante los agentes de IA. Si todo el tiempo ahorrado se convierte inmediatamente en nuevos objetivos, la tecnología no habrá reducido la presión laboral.
Los primeros testimonios de fundadores muestran precisamente esa tensión. Algunos emprendedores están consiguiendo que sus empresas avancen a una velocidad extraordinaria gracias a los agentes de IA, pero lo hacen a costa de jornadas que pueden extenderse hasta la madrugada. Otros están adoptando estrategias diferentes y defendiendo una utilización más controlada de la IA, lo que demuestra que no existe una única forma de relacionarse con estas herramientas. Incluso dentro del ecosistema tecnológico empieza a aparecer un debate sobre si la obsesión por la productividad y el uso constante de agentes de IA puede terminar siendo contraproducente.
La cuestión será especialmente importante a medida que los agentes de IA sean capaces de realizar tareas cada vez más complejas. Si su autonomía aumenta, debería disminuir la necesidad de supervisión constante y no aumentar la cantidad de horas que las personas permanecen conectadas. De lo contrario, la sociedad podría terminar utilizando una tecnología diseñada para ahorrar trabajo como una herramienta para ampliar indefinidamente la jornada laboral, mientras los agentes de IA continúan trabajando sin descanso.

Los agentes de IA están inaugurando una etapa diferente en la historia de la productividad porque pueden trabajar durante períodos en los que los seres humanos necesariamente tienen que detenerse. Esta capacidad ofrece oportunidades enormes para las startups, especialmente para equipos pequeños que pueden utilizar agentes de IA como una fuerza de trabajo digital capaz de investigar, programar, analizar información y ejecutar tareas de manera simultánea. Pero esa ventaja tecnológica también está creando una presión inesperada sobre quienes tienen que supervisar estos sistemas y aprovechar todo el potencial de los agentes de IA. El verdadero reto será encontrar un equilibrio que permita aprovechar esta tecnología sin convertirla en una fuente permanente de exigencia.
Los casos de fundadores que trabajan hasta la madrugada muestran que el problema no consiste en que la IA sea demasiado productiva, sino en que todavía no hemos aprendido a utilizar esa productividad sin convertirla en una exigencia humana. Si un agente de IA puede trabajar mientras dormimos, precisamente esa debería ser una razón para dormir y no una razón para permanecer despiertos. La tecnología tiene sentido cuando amplía nuestras capacidades sin obligarnos a imitar las características de las máquinas. En este contexto, los agentes de IA deberían funcionar como herramientas para mejorar el trabajo y no como una razón para extender indefinidamente las jornadas laborales.
Para las empresas que quieran incorporar agentes de IA de forma estratégica, segura y orientada a resultados, contar con el acompañamiento adecuado puede marcar la diferencia. En ITD Consulting ofrecemos servicios de tecnología y consultoría para ayudar a las organizaciones a identificar oportunidades, implementar soluciones de inteligencia artificial y aprovechar la transformación digital de una manera alineada con sus objetivos de negocio. Si quieres conocer cómo los agentes de IA y otras soluciones tecnológicas pueden integrarse en tu empresa para mejorar procesos, productividad y competitividad, puedes ponerte en contacto con ITD Consulting escribiendo a [email protected].